El software caduca? Abusan con la obsolescencia programada?
Te lanzo la pregunta para que te la hagas a ti mismo, y piénsalo, cada cuanto te compras un móvil? realmente lo amortizamos?

Comparémoslo con un colchón que es para muchísimas horas, cuánto te gastas en un colchón? cada cuanto lo cambias? te sorprendería saber que necesitamos un nuevo colchón cada poco tiempo, aunque lo busques y los fabricantes te digan que lo cambies cada 7 – 10 años, Eduard Estivill experto en el sueño indica que es un error, debería ser cambiado cada 5 años.
Y dirás, y este porque me está contando esto ahora?
Pues este artículo va de esto, a veces tenemos que aterrizar para darnos cuenta que priorizamos cambiarnos de móvil cada año, gastandonos, muchísima gente, más de 1000€ en un iPhone que acaba de salir, sin embargo pasamos 1 tercio de la vida pegados a un colchón, y este como lo cambias cada 10 años, hace que te levantes fatal.

Te voy a contar unas historias muy curiosas e interesantes respecto a la caducidad de la tecnología y del software…
Parte del tráfico aéreo de EE.UU. aún depende de Windows 95 y disquetes, estas reliquias de plástico magnético. En varias torres, los controladores siguen metiendo discos de 3½ pulgadas para cargar actualizaciones de software o mover planes de vuelo entre equipos que parecen salidos de “Jurassic Park”. Mientras tanto, las impresoras escupen tiras de papel con las instrucciones que luego se colocan en ranuras físicas, como si el mundo digital se hubiera detenido en 1997.
La propia Administración Federal de EE.UU. reconoce que su “museo funcional” necesita un cambio urgente y ha lanzado un plan de modernización para jubilar disquetes y pantallas de tubo en menos de cuatro años. El reto: actualizar un sistema que nunca puede apagarse y que, paradójicamente, ha resistido ciberataques, justamente por este motivo, porque nadie recuerda cómo hackear un floppy.

Todo es muy relativo, quedarse atrás tiene sus cosas buenas y sus cosas malas.
Esto me recuerda a cuando una actualización de Crowdstrike que apagó aeropuertos (entre otros), a esas torres no les afectó en lo más mínimo.

En ese incidente que ocurrió el 19 de julio de 2024 bastó un archivo de 600 KB para que la aviación mundial y muchos otros servicios alrededor del mundo cayesen: una actualización del sensor Falcon de CrowdStrike convirtió millones de PCs Windows en un museo de “pantallazos azules”.
En minutos, a 8,5 millones de equipos y servidores les transfería este archivo que hacía que al llegar al parámetro número 21 se leyese la memoria fuera de los límites y Windows fuese directo al pantallazo azul. Los PCs se apagaron y los aeropuertos cambiaron “control de tráfico” por “control de daños”: paneles negros, colas kilométricas y empleados rellenando tarjetas de embarque a mano como si 1974 hubiera vuelto con pantalones de campana.
Entiendo que la lección fue aprendida y cualquiera que mantenga sistemas 24/7 sabe que antes de lanzar un parche, te tienes que asegurar de que ha sido probado, testeado y hay una manera de minimizar impacto en caso de que las cosas no vayan bien.
El software caduca, está claro en términos de seguridad no nos podemos quedar atrás y estamos obligados a actualizar o renovar nuestro hardware, porque pensad en la intencionalidad de Apple de hacer que sus iPhone antiguos sean más lentos a través de actualizaciones de software. Esto se llama…
Obsolescencia programada.

Apple inventó la obsolescencia programada con la misma elegancia con la que diseña widgets: invisible hasta que un día tu viejo iPhone se arrastra como una tortuga sobre una moqueta. El momento clave fue el Batterygate: en 2017 iOS 10.2.1 empezó a estrangular la CPU para “proteger” baterías cansadas. La broma le costó €10 millones en Italia, €25 millones en Francia y hasta $500 millones en EEUU a través de un acuerdo colectivo cuyas pagas empezaron a llegar a los afectados en enero de 2024.
¿Fin de la historia? Ni de lejos. En 2023 la fiscalía de París abrió otra investigación alegando que la combinación de piezas “serializadas” y reparaciones exclusivas empuja al usuario a pasar por caja antes de tiempo, chocando de frente con la ley francesa que prohíbe la obsolescencia programada.

Y, mientras tanto, a dia de hoy, Apple presume de longevidad: iOS 18 se instalará incluso en un humilde iPhone XR de 2018… salvo que quieras la flamante función “Apple Intelligence”, reservada a los recientes 15 y 16 Pro.
Resumen: los de Cupertino no te obligan a cambiar de teléfono; simplemente convierten tu antiguo móvil en un elegante pisapapeles con menos superpoderes cada otoño.
Por el contrario Google ha lanzado una actualización a un dispositivo del año 2020 5 años después!

El Pixel 4a fue dado de baja de las actualizaciones mensuales en agosto de 2023 ya vivía su merecida jubilación para entrar en la categoría de los “vintage”, Google decidió sacarlo de la vitrina y soltarle un parche sorpresa el 8 de enero de 2025. La actualización trae nuevas rutinas de gestión energética y algún que otro ajuste de seguridad, demostrando que hasta los teléfonos “abuelos” pueden recibir una inyección de vida digital si a Mountain View le apetece.
La píldora, eso sí, viene con efecto secundario digno de farmacéutica low-cost: para un subconjunto de unidades la batería puede durar menos, cargar más lento y mostrar un indicador de nivel echado a perder. A diferencia de Apple y ante un posible Battery Gate 2.0, Google se ha adelantado montando un programa de compensación: cambio de batería gratis, 50 $ en efectivo o un vale de 100 $ para saltar a un Pixel nuevo. En conclusión, a veces la actualización llega tarde, otras llega mal, y en ocasiones… llega con un cupón de descuento bajo el brazo
En 2025 la “ficha técnica” de un móvil ya no se lee sólo con zoom en la cámara y miliamperios en la batería: la duración de las actualizaciones se ha colado como otro dato importantísimo, en plan “7 Años OS/Sec Updates” escrito en negrita junto al peso del terminal. Google abrió fuego con los Pixel 8 prometiendo siete temporadas completas de Android, parches y “Pixel Drops”, casi como si te regalaran un pase VIP al club del sistema operativo actualizado. Samsung respondió al instante: los Galaxy S24 y siguientes igualan la oferta, dejando claro que ellos también son igual de chulos o más.
¿Y Apple? Sigue presumiendo de longevidad, con cinco o seis años de iOS asegurado, a veces alguno más, pero sin poner números tan grandes como Google. Esta vez la manzana se quedó algo atrás del récord androide.

Los certificados del Chromecast caducaron…
Bastó que el calendario saltara al 9 de marzo de 2025 para que miles de Chromecast 2 y Chromecast Audio entraran en fase “existencial”: el certificado intermedio con el que demostraban que eran dispositivos «de fiar» cumplió 10 años y expiró en pleno domingo. Resultado: error “untrusted device”, nada de vídeos y, para los más impacientes que hicieron factory-reset, un bonito pisapapeles HDMI incapaz de pasar del asistente de configuración porque la verificación TLS fallaba antes de descargar firmware alguno.

Durante dos días los foros de Google Nest y Reddit ardieron con soluciones temporales del tipo “cambia la fecha del móvil a 2024” o “desactiva Device Auth desde un menú ninja”, soluciones tan elegantes como arreglar el ala de un avión con cinta americana.
Y, cuando parecía caso perdido (el último update serio para estos dongles data de 2019) llegó el plot-twist: Google, en un acto heroico, usó un canal de emergencia para empujar un mini-firmware con un certificado fresquito y actualizó la app Google Home (v 3.30.1.6/3.30.106) para resucitar incluso a los que habían sido formateados. Tras un simple reinicio, los viejos Chromecast volvieron a proyectar maratones de series, demostrando que, a veces, lo único que separa a un gadget obsoleto de una nueva vida es un mísero archivito X.509 bien firmado… y el clamor colectivo de internet.
En cuanto a desarrollo, es también una pesadilla para los programadores,
¿Por qué tu juego favorito de 2009 sigue arrancando como si nada y, en cambio, la app de recetas que instalaste hace dos Navidades ya ni abre?

Jonathan Blow, creador del mítico Braid (juego de PC y Xbox 360 lanzado en 2008), lo explica con un símil de cocina que cualquiera entiende: cuantas más especias raras le eches al guiso, antes se te estropea en la nevera.
En software, esas “especias” son las dependencias: trozos de código de terceros que usamos para no reinventar la rueda. Si tu programa solo confía en un ingrediente básico… digamos, harina y agua, las probabilidades de que siga “comestible” dentro de cinco años rozan el 95 %. Pero añade diez condimentos (bibliotecas, plugins, APIs cambiantes) y ese porcentaje se desploma hasta el 60 %. Con cien… ni el microondas lo resucita.

Blow no culpa a la tecnología, sino a nuestra manía de acumular botes en la despensa. Su receta anti-caducidad es sencilla:
- Incluye las versiones exactas de todo lo que uses en tu propio proyecto, para que una actualización ajena no te rompa la cena.
- Reduce la lista de dependencias al mínimo indispensable.
- Aísla tu código de cambios del sistema operativo: cuanto menos contacto, menos sorpresas.
Os dejo un video muy interesante de midudev, por si estais interesados y quereis saber mas: Los Programadores olvidan el poder del Software.